Gestión de proyectos complejos: romper la Ley de Hierro sí es posible

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Gestión de proyectos complejos: romper la Ley de Hierro sí es posible

¿En qué momento aceptamos que un proyecto complejo termine mucho más tarde de lo previsto y con un sobrecoste importante con respecto al presupuesto inicial? En muchos sectores se ha asumido esa idea con demasiada facilidad: el aumento de tiempo y dinero se trata casi como un peaje inevitable. 

Pero no debería serlo. La llamada Ley de Hierro de los megaproyectos pone nombre a un problema real: demasiados proyectos se desvían en plazo, en presupuesto o en ambos. La cuestión es entender por qué ocurre con tanta frecuencia. ¿Está el problema en la complejidad del proyecto o en la forma de gestionarlo? 

Desde nuestra experiencia gestionando proyectos de ingeniería y arquitectura, vamos a tratar de responder a esa y otras preguntas. 

 

Qué plantea la Ley de Hierro y por qué merece atención

La llamada Ley de Hierro de los megaproyectos expone que los grandes proyectos tienden a acabar por encima del presupuesto, fuera de plazo y con resultados peores de los prometidos. 

La idea parte de un análisis amplio de proyectos en distintos países y sectores, y apunta a un problema que se repite con demasiada frecuencia. 

No hablamos de casos aislados. Hablamos de un patrón habitual en infraestructuras, tecnología, energía, transporte o grandes implantaciones. Justo eso es lo preocupante, que se asume que la desviación no es un fallo puntual, sino un un problema de gestión muy arraigado en la forma de funcionar de las empresas.

Y por eso esta idea merece atención.

Si tantísimos proyectos complejos se desvían de forma parecida, el problema no puede explicarse solo por la mala suerte o por la dificultad técnica. Hay que plantearse qué se está haciendo mal al planificar, decidir y ejecutar para que ese resultado sea tan frecuente.

¿Es porque se trata de proyectos complejos?

Esa sería una explicación muy fácil: más escala, más agentes, más incertidumbre, más posibilidades de error… Todo eso influye, por supuesto que sí, pero no basta para explicar este fenómeno ni por qué las desviaciones se parecen tanto entre sí. 

Una mirada al detalle revela que muchos proyectos empiezan a desviarse antes de que aparezca el primer gran imprevisto. Ocurre cuando se aprueban plazos demasiado optimistas, cuando el presupuesto nace ya tensionado o cuando se arranca con prisas y sin haber resuelto factores críticos.

A eso se suma otra fuente habitual de deterioro: prioridades que compiten entre sí.

Con esos ingredientes, el resultado suele ser diferente a lo planificado sobre el papel.

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Un poco de teoría: qué aportan Flyvbjerg y Goldratt para cambiar esta lógica

Una parte del debate actual sobre grandes proyectos viene marcada por las investigaciones de dos autores. De un lado, el autor danés Bent Flyvbjerg lleva años señalando el problema: demasiados proyectos arrancan con previsiones más optimistas de lo que la realidad permite sostener. 

El interés de su enfoque está en obligar a revisar con más rigor cómo se define el proyecto antes de empezar, qué riesgos se están infravalorando y hasta qué punto plazo y presupuesto responden a una base realista.

Desde otro ángulo, el consultor israelí Eliyahu Goldratt puso el foco en lo que ocurre durante la ejecución. Su planteamiento cuestiona una práctica muy extendida en proyectos complejos, que es abrir muchos frentes al mismo tiempo con la idea de avanzar más rápido.

Cuando se actúa así, el resultado suele ir en dirección contraria: el flujo se rompe, aumentan las interrupciones, se cruzan prioridades y los recursos dejan de estar donde más impacto tienen. 

Ambos planteamientos abordan el mismo problema desde ángulos distintos. Uno pone el foco en el arranque, evitando previsiones rápidas y engañosas. El otro, se centra en organizar la ejecución. 

 

Qué cambia en la práctica cuando el proyecto se gestiona mejor

Aquí es donde pasamos del debate conceptual al terreno práctico. Cuando un proyecto se organiza con prioridades claras, menos dispersión y una secuencia de trabajo mejor resuelta, los cambios se notan en la operativa diaria.

Es decir: podemos estimar tiempos y costes de forma realista. No hace falta esperar al cierre para verlo.

Aun así, la incertidumbre siempre está presente en cualquier megaproyecto, pero podemos manejarla de una forma muy lógica: dejando de empeorarla. Y eso en ALTERTECNIA lo hacemos aplicando técnicas ágiles de gestión.

Eso tiene un efecto directo sobre plazo y presupuesto, gracias a una gestión más fiable del flujo de trabajo y una revisión constante de las prioridades reales del proyecto.

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¿Es posible romper la Ley de Hierro?

Partiendo de que cualquier proyecto tiene un margen de incertidumbre que hay que gestionar, en ALTERTECNIA sí creemos que es posible dejar de asumir que esas desviaciones en plazo y presupuesto son inevitables. No es una parte natural del proceso. 

Con mejor planificación, más foco en ejecución y una lectura más rigurosa de las prioridades, la fiabilidad del proyecto cambia de forma radical.

Y trabajamos desde esa convicción, sabiendo que a mayor complejidad lo que se necesita es más método, más claridad en las prioridades y más eficacia en la gestión. ¿Quieres comprobarlo? Llámanos y hablemos de proyectos futuros.

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