Instalaciones frigoríficas

ARTÍCULO

Uso de amoniaco o CO₂ en instalaciones frigoríficas: nuevas tendencias ecológicas

Con el aumento de los estándares de calidad y sobre todo el incremento de la conciencia medioambiental, son muchos los sectores que están cambiando. El de los gases refrigerantes empleados en instalaciones frigoríficas es uno de ellos.

 

Menor impacto sobre el medioambiente… ¿cuál es el gas del futuro? 

La legislación se ve sujeta a modificaciones a medida que surgen nuevas tendencias, como la necesidad de reducir las emisiones. En este escenario los gases naturales son los llamados a sustituir a los refrigerantes fluorados tradicionales.

En el horizonte resuenan con fuerza dos gases en concreto para ocupar su lugar: el CO₂ y el amoniaco.

 

El amoniaco, un viejo conocido. 

El amoniaco (NH₃) no es un refrigerante nuevo, ni mucho menos.

Durante siglos ha sido un gas de referencia que ahora, nuevamente, podría competir con el CO₂. En concreto gracias a una nueva vertiente denominada amoniaco de baja carga.

Se trata de un gas económico y con gran rendimiento energético, presente en la naturaleza y que no daña la capa de ozono. Es incoloro y de olor fuerte, lo que le concede una suerte de “auto-alarma” en caso de posible fuga.

Y es que aunque el amoniaco es seguro para el medioambiente, en concentraciones altas es venenoso, lo que obliga a extremar las medidas de seguridad.

Con todo, hay que tener en cuenta que los sistemas modernos son muy seguros, tan solo debemos realizar las pertinentes revisiones y asegurarnos de que las lleven a cabo personal y empresas cualificadas.

Hoy en día el amoniaco ya está presente en más del 90% de las plantas industriales de Europa que requieren refrigerante: cervecerías, bodegas, sistemas de calefacción…etc. Para las instalaciones frigoríficas, el amoniaco aporta una alternativa rentable y sostenible.

Su contrapartida es que, aunque es muy económico en sí mismo, el equipo para emplearlo sí requiere una alta inversión inicial.

 

El CO₂ en instalaciones frigoríficas y su evolución 

En Europa, el empleo de refrigeración tanto comercial como industrial mediante dióxido de carbono (CO₂) está muy extendido. Especialmente en instalaciones que requieran capacidades elevadas de enfriamiento.

Tampoco es un gas nuevo en el ámbito de la refrigeración, pero cayó en desgracia en los años 30 con la aparición de los gases fluorados que requieren menos presión para funcionar.

Sin embargo, al constatarse que estos gases suponían un grave perjuicio para el medioambiente, el CO₂, como el amoniaco, volvió a ganar popularidad.

Se trata también de un gas natural, presente en la respiración de personas y animales. Es inactivo químicamente, no es inflamable y tampoco tóxico, lo que le concede ciertas ventajas respecto al amoniaco.

Hablamos de aplicación subcrítica del CO₂ cuando reacciona de forma similar a cualquier otro refrigerante, y de forma transcrítica cuando no se condensa, pasando de gas a líquido y generando presiones de descarga que requieren controles de regulación de presión.

Otra de las principales ventajas de este sistema es que, dado que los compresores para emplear CO₂ requieren de menos componentes y son más sencillos que en el caso del amoniaco, por lo general su vida útil también es más elevada.

Llegados a este punto, probablemente estés pensando: “¿pero el CO₂ en la atmósfera no es precisamente uno de los grandes problemas de la ecología moderna?” Exacto.

De modo que cuando lo usamos como refrigerante estamos de hecho “reciclando” o capturando uno de los gases de efecto (GEI) invernadero más importantes. De este modo aportamos un beneficio para el medioambiente.

 

En síntesis: un cambio en las instalaciones frigoríficas para mejor.

En ALTERTECNIA estamos comprometidos tanto con la sostenibilidad de nuestras actividades, como con la eficiencia energética de las empresas que recurren a nosotros.

Por lo tanto, celebramos la vuelta a los gases naturales y el abandono progresivo de los refrigerantes fluorados.

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